viernes, 5 de noviembre de 2010

Mujer en busca de cariño



Una mujer negra e inmensa (diría que era de color pero no, era negra) caminaba con dos niños de la mano.

Cuando los tres se me cruzaron ella les estaba preguntando: ¿Me queréis? Los niños asentían jocosos, dando brincos sobre el asfalto. Para ellos la preguna no tenía mucho que ver con el amor pero para la mujer era de suma importancia por el aspecto de su cara, el arco de sus cejas y el desorden de su mirada. Era casi una cuestión de vida o muerte que alguien la amase y como sabía que los niños tienen la tendencia a amar a aquellos que les benefician sus caprichos se los llevó consigo. Ese día el capricho de los niños fue ir al parque.

Quizás la mujer, sintiéndose infeliz y marginada por algún adulto, decidió sitiar el amor de los hijos de un vecino con el fin de que le regalaran amor momentáneo. Su hombre no le dió mucho y decidió ir al parque con los niños de Lawrence y Gabriella. En el camino de regreso (y cuando yo pasaba) les preguntó: ¿Me amáis? Y los niños asintieron jocosos dando brincos sobre el asfalto: ¡Sí!, ¡Sí!
No fue suficiente. Tuvo que preguntarlo una y otra vez del mismo modo que un convicto preguntaría desesperado a su carcelero cuánto le queda de condena.

- ¿Me queréis mucho?
- ¡Sí!
- ¿Mucho, mucho? ¿Mucho?
- ¡Sí!, ¡Sí!, ¡Sí! –gritaban sin dejar de brincar-

Sí, era más fácil para ella ser amada por los niños. En los cuentos, los niños aman a los monstruos del mismo modo con el que aman a las princesas.